Raíces, pasión y motor: La historia y el legado del Gran Premio Karukinka en los exigentes caminos de Tierra del Fuego.

  • Creado por visionarios del automovilismo regional como Francisco «Pancho» Aguilar, Juan López, Alejandro Kusanovic y Francisco Pancho Cárdenas el evento tuerca se ha consolidado como una de las pruebas más técnicas y desafiantes de la Patagonia.
  • Con sus raíces fundacionales remontadas al año 2005 y un nombre de profundo arraigo Selk’nam que significa «nuestra tierra», la competencia evoca la histórica tradición fierrera del extremo sur.

Hablar del Gran Premio Karukinka es remontarse directamente al alma tuerca de la Patagonia chilena y argentina. La historia de esta emblemática competencia nació de la visión y el empuje de destacados referentes del automovilismo regional, entre ellos Francisco «Pancho» Aguilar Cuevas reconocido piloto y dos veces presidente de la Asociación Deportiva Local Fueguina de Automovilismo (Adelfa), junto a su inolvidable amigo y secretario de la época, Juan López (q.e.p.d.), acompañados por figuras clave del ambiente motor.

Los orígenes de una travesía legendaria

La inquietud por aprovechar la amplia red de caminos que conecta las localidades fueguinas dio forma a una exigente carrera en la modalidad de Gran Premio, estableciendo a Porvenir y Cerro Sombrero como ciudades base para un recorrido inicial que alcanzaba los 175 kilómetros por etapa.

En su primera edición, realizada en el año 2005, la prueba contó con figuras como el comisario Francisco Cárdenas Moraga y el respaldo fundamental de empresas colaboradoras como Transportadora Austral Broom, liderada por Alejandro Kusanovic, cuyo apoyo fue vital para echar a andar la primera gesta.

Una prueba técnica y respetada

Con el paso de los años, el Karukinka se ganó el respeto absoluto de los pilotos, tanto chilenos como argentinos, debido a la complejidad y alta exigencia técnica de sus rutas. Sectores como el Cordón Baquedano, China Creek y Los Olivos han puesto a prueba la destreza de las tripulaciones y la resistencia de las máquinas.

Como bien describe Pancho Aguilar, se trata de «una carrera para cuidar», una prueba de supervivencia y estrategia que ha evolucionado desde sus inicios hasta transformarse en el formato de rally actual que vive la región.

Identidad y tradición fueguina

El nombre Karukinka no es casualidad; es una expresión de origen Selk’nam que significa «nuestra tierra» o la «última tierra de la gente». Esta denominación honra la tierra fueguina, una zona histórica de fierreros y tuercas donde apellidos ilustres del automovilismo regional escribieron proezas marcadas a fuego en los circuitos patagónicos desde las décadas de los 60 y 70, perpetuando una pasión que sigue más viva que nunca en los caminos del sur.

Fotos de la Revista «Vision Deportiva» de la época.