“Cuando largamos, ya habíamos ganado.” Reflexión y orgullo de un padre y abuelo de un mecánico excepcional y un enamorado del GPH.

Al leer en el Facebook personal de Vittorio Bronzini, tomamos contacto con Federico, para solicitar publicar esta reflexión que tal vez retrata a muchas generaciones como se vive esta carrera tan querida, que tanta pasión desborda y tantas amistades cultiva.

Vittorio Bonzini “Hay momentos en la vida en los que uno se detiene a mirar una fotografía y recién entonces comprende lo que realmente ocurrió”.

Estas fotos son de la entrega de premios de la 51.ª edición del Gran Premio de la Hermandad. Y cuanto más las miro, más convencido estoy de que esta vez la historia no se trata de los trofeos.

Todo comenzó de una manera casi casual.

Federico decidió correr nuevamente la Hermandad. Después de 15 participaciones, todavía tenía pendiente conseguir ese triunfo que tantas veces había buscado.

Constanza, que había sido su navegante, recibió una propuesta de Moreno Preto para correr como piloto. Y decidió animarse. Se bajó de la butaca derecha para ocupar por primera vez la izquierda, dejando atrás un lugar que conocía para asumir un desafío completamente nuevo.

Federico quedó sin navegante.

Y entonces tomó una decisión que, con el resultado puesto, adquiere un significado enorme: decidió que lo navegara su hijo Stefano.

Stefano nunca había participado en una competencia de rally. Nunca había navegado un auto de carrera. Y sin embargo, se sentó al lado de su padre y aceptó el desafío.

Creo que ninguno de nosotros largó pensando en lo que finalmente iba a suceder.

La idea era mucho más sencilla: compartir.

Compartir una carrera. Compartir un auto. Compartir una experiencia entre padre e hijo. Ver a Constanza cumplir su sueño de ser piloto. Acompañarnos unos a otros y disfrutar, como tantas veces, de esa pasión que forma parte de nuestras vidas.

Y después vino lo inesperado.

Federico y Stefano ganaron la categoría F.

Para Federico, después de 15 Hermandades, llegó finalmente ese primer triunfo que tantas veces había buscado.

Para Stefano, fue ganar en su primera carrera y en su debut absoluto como navegante.

Y Constanza, en su primera carrera como piloto, junto a Pedro Cárdenas, consiguió un tercer puesto.

¿Cómo podía haber imaginado algo así?

La verdad es que no podía.

Y quizás por eso tiene todavía más valor.

Porque cuando largamos, creo que ya habíamos ganado.

Habíamos ganado la posibilidad de vivir algo juntos.

Pero cuando hablo de familia, no hablo solamente de quienes aparecen en estas fotos.

Detrás de cada auto, de cada largada y de cada llegada hay muchas personas que hacen posible que todo esto ocurra.

Está mi hijo Ezequiel, que desde muy chico me acompaña como mecánico y ha compartido conmigo tantas Hermandades, tantas horas de trabajo, tantas madrugadas y tantos momentos buenos y no tan buenos.

Está Patricia, mi esposa, que ha acompañado durante tantos años esta pasión y ha sabido estar siempre, aun cuando muchas veces las carreras significaron sacrificios, ausencias y preocupaciones.

Están Ornela y Franco, que siempre están presentes, acompañando, alentando y formando parte de cada aventura familiar.

Y hay alguien que ocupa un lugar muy especial: mi ahijado Francesco Preto, hijo de Moreno.

Francesco está incondicionalmente. Con una pasión enorme, trabajando, organizando, aportando todo lo que puede y ayudando para que esta Hermandad siga siendo posible. No hace falta que esté delante de una cámara ni que aparezca en un podio para saber el valor que tiene dentro de todo esto.

Y también está Constante Moreno Preto, amigo de tantos años, con quien compartí muchísimas Hermandades, rutas, alegrías y momentos difíciles. Esta foto también representa una parte de esa historia compartida.

Por eso, cuando miro todo lo que ocurrió en esta 51.ª edición, siento que el resultado pertenece un poco a todos.

Federico y Stefano ganaron la categoría F.

Federico consiguió su primera Hermandad después de 15 participaciones.

Stefano ganó en su debut como navegante.

Constanza consiguió un tercer puesto en su primera carrera como piloto.

Y Constante volvió a subir al podio, demostrando una vez más que la pasión por esta carrera no tiene edad.

Pero sería injusto pensar que esos son todos los resultados.

También está el resultado de una familia que sigue unida alrededor de una pasión.

Una familia que trabaja, acompaña, alienta, reniega, se preocupa, disfruta y vuelve a empezar.

Una familia que, con el tiempo, fue incorporando hijos, nietos, amigos y ahijados hasta convertirse en algo mucho más grande que un equipo de competición.

Tal vez eso sea para mí el verdadero espíritu de la Hermandad.

No solamente competir.

No solamente ganar.

Sino compartir.

Transmitir una pasión de una generación a otra.

Estar cuando las cosas salen bien y, sobre todo, cuando no salen tan bien.

Y poder mirar hacia atrás y descubrir que, después de tantos años, seguimos teniendo ganas de estar juntos haciendo lo que nos gusta.

Nunca imaginé que una carrera que comenzó simplemente con la intención de compartir una experiencia familiar terminaría dándonos estos resultados.

Federico esperando 15 Hermandades para conseguir su primera victoria.

Stefano ganando en su debut.

Constanza subiéndose por primera vez al auto como piloto y consiguiendo un tercer puesto.

Y todos nosotros viviendo una experiencia que seguramente vamos a recordar durante muchos años.

Los trofeos algún día se llenarán de polvo.

Los tiempos quedarán registrados en una planilla.

Pero esto otro no se registra en ningún lado.

Se guarda en la memoria.

Y quizás por eso estas fotos significan tanto para mí.

Porque detrás de cada trofeo hay una historia.

Y detrás de cada historia hay una familia.

Una gran familia.

Nuestra familia.