Los memorables rugidos de motores en el circuito callejero de la Avenida Almirante Señoret en Porvenir continúan vivos en la memoria tuerca, guardando anécdotas que pintan de cuerpo entero la pasión de aquellos años. Aquella parrilla reunía a grandes referentes de la región, con figuras locales como José Muñiz, Ivo Milovic y el recordado «Rubio» de Punta Arenas a bordo de su ranchera, misma montura con la que competía Godfrey Finlayson. Desde Río Grande llegaban también exponentes de peso, completando el lote Juan Carlos Castillo y Raúl «Chifle».
La acción dominical comenzó con un ritmo frenético. En pleno desarrollo de la prueba, tras enfilar a toda velocidad desde el sector del cementerio en bajada rumbo a la plaza para luego doblar hacia la escuela fiscal, la carrera tuvo un giro insólito. En la tercera vuelta, tras un fuerte frenaje, la máquina de José Muñiz se detuvo de manera imprevista, terminando internada dentro de una gran pampa ubicada a mano derecha del trazado.
Mientras la competencia oficial seguía su curso en pista con una intensa lucha por la punta entre Juan Carlos Castillo y un implacable Ivo Milovic que descontaba vuelta a vuelta, en el sector de la pampa la faena era de otro costazo. Los movimientos delataban el trabajo incesante, reforzado más tarde con la llegada de una camioneta de asistencia para auxiliar al piloto.
Lejos de bajar los brazos con un abandono, la tenacidad del deporte motor de antaño dio una sorpresa mayúscula. Faltando apenas cuatro vueltas para el final de la competencia, el coche de José Muñiz reapareció rugiendo sobre el asfalto. Tras sufrir la quemadura del disco de embrague, el equipo había logrado sacar la caja de cambios, reemplazar la pieza averiada y devolver el auto a la pista, sellando una muestra de esfuerzo, destreza y pasión inquebrantable a toda máquina.
Por: Victor Cuevas Becerra
