En “Dejaron Huellas” de Bandera a Cuadros, el destacado, copiloto, navegante, piloto y preparador de autos Francisco Pancho Cárdenas Moraga repasó sus inicios lavando piezas en los talleres de la zona, los míticos duelos en el Gran Premio de la Hermandad, los accidentes que marcaron su vida y la evolución de la seguridad en las rutas del sur en particular en el GPH.
Dicen que la pasión por los fierros en la Patagonia no es solo un pasatiempo, sino una forma de vida que se hereda y se padece con orgullo. Así lo demostró en una reciente y distendida entrevista uno de los nombres con historia en el automovilismo austral, quien abrió el baúl de los recuerdos para repasar una trayectoria que comenzó de la manera más humilde y llegó a lo más alto del podio en el Gran Premio de la Hermandad.
Tras salir del colegio industrial, su escuela formal e informal serían los talleres locales. Primero con «Tito» Clausen en la calle Nogueira donde comenzó lavando pistones y bielas, y posteriormente ingresando a la Ford. Allí comenzó desde abajo, «lavando autos un par de meses», para luego demostrar su talento instalando aire acondicionado en los Mustang cero kilómetros de la época, hasta llegar a convertirse en jefe de taller y codearse con profesores de ingeniería mecánica.
En esos años dorados de la Ford, los repuesteros de la zona eran verdaderas «Biblias»: “Tenían números que mostraban algo y sabían de qué pieza y de qué auto eran. Eran realmente unos maestros, se aprendía mucho”.
Fue precisamente en su época en la Ford cuando, junto a Jorge Camelio, armó el mítico «Ford» cerca del año 1979. Fue el inicio de una era dorada que coincidió con la presencia de las máquinas de ENAP.
“Tuvimos el Cortina, después pasamos a los Taurus”, relata sobre aquellos vehículos ingleses que dominaron las rutas. Con nostalgia, recuerda los grandes duelos de los años 80 contra binomios argentinos y locales de renombre como Romerito, Kuki Bello, los Finocchio y muchísimos más. A lo largo de su carrera, el navegante cosechó la impresionante cifra de 15 campeonatos nacionales y 5 de rally nacional, siendo el navegante que más nacionales corrió.
Fue copiloto de Juanito Dragosevic en el Mustang con el que vivieron interesantes carreras en la pista de cabo negro.
Su mayor cantidad de carreras fueron corridas con el histórico Yanko Masle, hicieron varias versiones del GPH, siempre protagonistas en ruta, no cuidábamos siempre íbamos al límite y de tanto buscarla en una difícil categoría “B” con muchos buenos binomios logramos ganarla el año 1990, fue quizás una de las mas atesoradas, por todo lo que habíamos hecho con Yanko, mucha dedicación a la carrera, muchos kilómetros recorridos para trabajar una hoja de ruta fina para la época. Llegamos con buen ritmo porque además estábamos presentes y corríamos cuanto rally había y Yanko también corría en pista con el mismo auto solo bajamos la suspensión.
El automovilismo de aquellos años se vivía al límite, y Pancho Cárdenas no estuvo exento de tragedias. En 1990, acompañando a Carlos López en las 3 horas de Natales a bordo de un «Lada Samara rojo», sufrieron un terrible accidente volcando sobre el techo en el sector del trazado.
En una época donde se corría con ropa normal y los cinturones de seguridad no eran los actuales, las consecuencias fueron graves: “Se cortaron los cinturones, se pasó para adelante y se rompió con el volante. Se lastimó mucho la cara Carlos, recuerda Cárdenas… Yo quedé consciente, lo único que no sentía era de la cintura para abajo”. El tanque de combustible se había desprendido, mezclando la gasolina con la sangre dentro del habitáculo. A pesar de las fracturas y secuelas que arrastró por años, el espíritu deportivo pudo más: a la semana siguiente del accidente estaba en la butaca derecha del TC de Pablo Capkovic en el patagónico de la categoría que correspondía se corriera esa fecha en Río Gallegos.
Entre sus recuerdos más felices destaca la edición de 2007 del GPH corriendo con Zvonimir Gezan a bordo de un VW Gol, donde tras un inicio accidentado, lograron remontar espectacularmente para quedarse con el segundo lugar, en una definición de infarto contra Gastón Bronzovic, a quien sobrepasaron en una maniobra al límite con espejos volados incluidos antes de llegar a la estación María Behety.
Sin embargo, la gloria máxima llegó con el Honda Civic Si, piloteado por Luis Mladinic y con una estrategia agresiva y la madurez de los años a su favor, le sacaron minutos de ventaja a sus escoltas en tramos clave como el asfalto y enfrentando y golpeando bastante el auto en el tramo de Arcillosa, administrando la ventaja en Las Flores y Vicuña. Esa victoria dejó una marca histórica: dos hermanos ganando el mismo Gran Premio, Luis Mladinic en la categoría superior y Jorge Mladinic en la N2, una hazaña que en el pasado solo habían logrado los reconocidos hermanos Preto, Dany y Constante.
Hacia el cierre de la conversación, el histórico piloto analizó el automovilismo actual, destacando la evolución de las hojas de ruta, la tecnología y el talento innato de los pilotos jóvenes que hoy «nacen sabiendo».
No obstante, dejó una profunda reflexión sobre la seguridad en las pistas chilenas y argentinas, apuntando a que la responsabilidad no es solo de los dirigentes, sino de los propios competidores al armar sus autos:
«La seguridad siempre ha sido la que hemos tenido. No hay que solamente echarles la culpa a los dirigentes de ambos lados, sino que es lo que uno hace dentro del auto.Cuando quieras armar algo, colóca lo mejor, colóca lo bueno, no te cagues en la seguridad».
Con la sencillez de quien empezó lavando piezas en la noche para poder correr al día siguiente en Cabo Negro, este baluarte del deporte motor regional cerró una página de recuerdos que sigue viva en la memoria de la Patagonia.






