El automovilismo patagónico está lleno de relatos que rozan la épica, historias de esfuerzo, camaradería y fierros que trascienden la bandera a cuadros. Una de esas páginas doradas la escribió Hugo «Parra» Cuevas en el histórico y extinto circuito largo de Cabo Negro, un fin de semana que comenzó al borde del desastre y terminó en una fiesta monumental.
El susto del viernes y la odisea para clasificar
La odisea comenzaba el 01 de mayo de 1974, todo empezó en las pruebas libres del día viernes. El auto giró apenas unos metros antes de que un fuerte humazo encendiera las alarmas detrás de boxes. El diagnóstico fue impiadoso: se había saltado un seguro de la correa de la cadena de distribución, rompiendo la tapa de válvulas y arrojando aceite por doquier. Ante el temor de un daño mayor, el equipo decidió parar de inmediato.
De regreso en Punta Arenas, la misión parecía cuesta arriba: soldar aluminio en una época donde pocos especialistas hacían ese trabajo. Tras golpear puertas, encontraron al legendario Caipillán, en el sector de la 18, quien rescató la pieza.
El sábado llegaron tarde, como era costumbre. Con el cronómetro apretando, Parra se plantó en boxes pidiendo una oportunidad. Fue entonces cuando la solidaridad de los grandes referentes de la pista como Esteban Capkovic, Marinovic y Chiquitín Gallego, Esteban Guic entre otros intercedieron para que los comisarios le dieran el vamos: tres giros para marcar un tiempo.
Vacas en la pista y una pole position legendaria
Lo que vino después pertenece al folclore tuerca. En su primera salida rápida, cuando enfilaba hacia la recta principal, se le cruzaron tres vacas en plena pista. Maniobra desesperada, cuneta, trompo y el auto detenido frente a la meta con una frase que quedó grabada: «¡Si me sacan las vacas, yo le voy a hacer el mejor tiempo!».
Tras calmar las aguas y soportar los reclamos de algunos, le permitieron salir nuevamente a girar. Y cumplió. En la segunda vuelta clavó el mejor registro. Cuando bajó del auto, los dirigentes le confirmaron la noticia: «Parrita, te quedaste con el uno», desplazando a pesos pesados como Esteban Capkovic, que venía marcando el pulso.
Domingo de carrera y dominio en Cabo Negro
La hora de la verdad llegó el domingo. Tras una largada intensa donde Capkovic picó adelante, la lucha en pista fue implacable. Parra dio batalla en cada sector, superando a sus rivales en maniobras al límite, incluyendo el clásico sector del curvón del Estrecho. Con manejo preciso y corazón caliente, Hugo «Parra» Cuevas cruzó la meta en la primera posición, coronando una remontada histórica.
El clasificador oficial de aquella jornada memorable dejó a Goico Maslov en lo más alto de la fecha, seguido por Hugo Parrita Cuevas en un tremendo segundo puesto, tercero Esteban Capkovic,cuarto Esteban Guic, quinto Victor Chiquitin Gallegos y sexto Marininovic, completando el top de máquinas que hacían rugir los motores en la Patagonia.
La celebración porvenireña
El éxito en la pista tuvo su correlato en la noche. La cena de premiación reunió a toda la delegación de Porvenir en una sola pieza alquilada para la ocasión, con la generosidad de Goico Maslov, quien invitó a celebrar sin restricciones.
La fiesta no terminó en el restaurante. A eso de las 3:30 de la madrugada, Goyco convocó a todos los porvenireños a su casa para continuar el festejo. La celebración se extendió hasta las 8:30 de la mañana, entre risas, anécdotas y la satisfacción de un grupo de amigos que, fiel al espíritu del sur, transformó la adversidad en una leyenda del deporte motor.
Antecdentes de Victor Cuevas.
