Tras una consagratoria actuación que le permitió llevarse la copa a Ushuaia a bordo de su Honda Civic, el piloto Lucas Garro, navegado por su padre el experimentado Marcelo Garro esbozo lo que significó esta sufrida y emocionante victoria en la cumbre del automovilismo binacional.
La emoción de cruzar la meta
Visiblemente conmovido por el logro, Garro reconoció que los tramos finales exigieron un esfuerzo extra no solo físico, sino mental.
«Muy emocionado, la verdad que los últimos kilómetros hubo que tratar de mantener la concentración para mantenerse enfocado en el camino, porque las emociones se vienen ahí a flor de piel. Todavía no termino de caer; fueron dos días difíciles, largos, así que nos salió algo que se venía buscando, muy contento».
El susto en los tanques y la resiliencia mecánica
La ruta fue implacable con las máquinas, y el ganador de la general relató uno de los momentos más complejos de la competencia, donde el auto sufrió daños tras un incidente en el sector de los tanques.
«En los tanques me tiré por la banquina y empecé a agarrar unos lomos; uno me catapultaba al otro y la verdad que se puso áspero. Saltó bastante el auto y se rompió el tacho del zorrino, así que venimos sin zorrino hasta acá. Por suerte sin barro, sin polvo, así que muy contento porque vengo de por ahí algunas ediciones que se viene complicando las carreras».
Una mirada al nuevo formato
Consultado sobre las modificaciones implementadas en la estructura de la prueba, el piloto de Ushuaia se mostró pragmático y enfocado en la continuidad de la histórica competencia patagónica:
«Este nuevo sistema de carrera está bueno, tiene sus pros y sus contras, pero como siempre digo, hay que apoyar la carrera en el sentido que sea. Si esta es la manera para que la carrera pueda continuar, hay que apoyarla, así que hay que tratar de acostumbrarse y sacarle el jugo lo máximo posible».
foto:Lito Quelin
