En una noche cargada de nostalgia, recuerdos de taller y olor a bencina, Giner revivió recuerdos junto a los panelistas de Bandera a Cuadros», para revivir las legendarias batallas en pista de la categoría monomarca Chevrolet (CHV) y el Turismo Carretera, un repaso histórico que abarca más de dos décadas de pasión tuerca en la Patagonia.
La conversación, que fluyó entre anécdotas de grillas completas y exhaustivas revisiones técnicas, trajo a la memoria colectiva máquinas icónicas como el recordado auto la «Palta» un Fiat Iava de Jaime Ivelic.
Batallas campales y grillas históricas
Durante la década de los 90, el circuito magallánico vivió una era dorada donde la competitividad era el sello absoluto. Los expositores recordaron con orgullo las clasificaciones por tandas y las finales con más de 36 a 41 autos en grilla.
«Nos dábamos el lujo de clasificar en tandas y correr la final con 20 autos, dejando fuera a otros 20. Eran batallas campales. Entre el primero y el décimo lugar a veces había apenas 10 puntos de diferencia; no existían las monarquías donde uno solo ganaba siempre», recordaron en la mesa.
Nombres emblemáticos de campeones y animadores de la época como Sandro Goich, Tiny Vera, Marcos Lausic, Yoyo Cuevas, Cato Mallada, Alexis Ravena y Richard Pardo, entre otros tantos nombres que volvieron a la palestra, rememorando campeonatos que se definían por milímetros y cuyas carreras «terminaban realmente a la mañana siguiente, en las revisiones técnicas de Inacap».
El arte de la preparación: «Jugar con la luz de válvulas»
El verdadero corazón de la velada estuvo en los secretos de taller. Con una «escuela para mecánicos» improvisada en el diálogo, se detalló cómo el ingenio suplía la falta de recursos económicos en una categoría que vio el fin de la era de los costosos motores Honda y Mini en el 94, dando paso al auge de los Chevettes. Idea de Jaime Ivelich, Lorenzo Giner y Jano Crema, precisamente en el taller de Giner se lograron armar más de 8 autos con el propósito de que arranque la categoría que al comienzo no lograba cautivar a los tuercas de la zona.
Los preparadores explicaron que la clave para bajar los tiempos de carrera (logrando cronos históricos de 1:20 y 1:19 en Cabo Negro) no estaba en inyectar sumas astronómicas de dinero, sino en la fina sintonía del motor: Geometría de suspensión: Adaptaciones artesanales como sacar los tirantes delanteros de un Opala para colocarlos atrás. El trabajo minucioso en las «papas» (culatas) para modificar la relación de compresión original de 7.8:1 a un agresivo 5.8:1.
El secreto de las levas: «Jugando con las luces de válvula lográbamos que el auto rindiera más en baja o estirara más en alta», explicaron, detallando cómo hacían girar los motores hasta las 6.300 RPM.
La vigencia de una pasión
A pesar de que el reglamento de la CHV se ha pulido con los años incorporando hoy en día pistones planos e inyección electrónica los convocados destacaron el valor humano de la actividad. Se rindió un emotivo homenaje a figuras que corrieron con más de 70 años, como los recuerdos asociados a las extensas jornadas junto a Esteban Guic, Jorge Masle, Leopoldo Turina, Tuly Solo de Zaldivar, Parra Cuevas entre muchos.
El encuentro cerró con la promesa de desempolvar los antiguos archivos fotográficos de los «viejos clanes» y las largadas históricas, demostrando que, en Magallanes, el automovilismo no es solo un deporte, sino un patrimonio vivo.

