Ecos de motor y velocidad: El inolvidable rugido de Jorge García en el Patagónico de Carretera.

Para los amantes del deporte motor en la Patagonia, la década de los 90 guarda recuerdos imborrables. Entre las figuras que encendieron la pasión en las pistas de asfalto destaca Jorge García, uno de los pilotos más veloces y recordados de aquella época dorada del Campeonato Patagónico de Turismo de Carretera.

Imágenes de archivo y memorias de los tuercas locales traen de vuelta aquellas jornadas dominicales en el histórico circuito de Cabo Negro, donde la adrenalina se respiraba en el aire antes de cada banderazo de salida. Ahí se le podía ver a García, concentrado y listo para largar, a bordo de su imponente máquina: un bólido Soprana equipado con un potente motor Chevrolet 250.

La preparación de ese vehículo no era menor; era una auténtica joya de la mecánica regional. Quienes tuvieron la suerte de presenciar aquellas carreras recuerdan con nostalgia que el paso de García por la recta principal era un verdadero espectáculo para los sentidos. El sonido de su motor al acelerar a fondo y, sobre todo, la melodía que emitía al reducir las revoluciones al bajar por la recta, era descrito por los fanáticos y entendidos de la época como «un verdadero gozo» y «un violín», una sinfonía de potencia y precisión que hacía vibrar las tribunas improvisadas a la orilla del camino.

Hoy, recordar a Jorge García y su máquina en Cabo Negro es rendir tributo a una época en que el automovilismo patagónico se vivía con el corazón en la mano, dejando un legado de velocidad, ruido y pasión que sigue vivo en la memoria colectiva del sur del mundo.

En la foto Jorge García por la cuerda y por fuera el prototipo de Ernesto Tincho Gómez, portando el 1 del campeonato obtenido.

Por: Tincho Gómez