Dos gigantes del automovilismo patagónico: Leopoldo Turina y su histórico copiloto Mario «El Chueco» Vitelli

La historia grande del deporte motor en la Patagonia chilena no se entiende sin el nombre de figuras que, a punta de talento, valentía y pasión, pavimentaron el camino del automovilismo austral. Entre ellos, el nombre de Leopoldo Turina y su incondicional copiloto de aquellos años dorados, Mario «El Chueco» Vitelli, resuenan con fuerza en la memoria colectiva de la Región de Magallanes.

Leopoldo Turina: Ingenio, velocidad y tradición familiar

Nacido en el seno de una familia profundamente ligada al desarrollo de la zona, Leopoldo Turina brilló con luces propias durante las décadas de 1950 y 1960. Reconocido por sus memorables actuaciones al volante de su clásico MG en el tradicional circuito Arturo Prat, Turina no solo fue un piloto destacado, sino también un visionario del deporte al convertirse en uno de los fundadores de la categoría TC 2.000 cc, corriendo en los más exigentes y variados escenarios de la Patagonia chilena y argentina.

Anécdotas de la prensa austral rescatan pasajes notables de su vida, como cuando recordaba los años en que Juan Manuel Fangio daba sus primeros pasos. En aquellos tiempos, su padre, Carlos Turina Blazina, se desempeñaba como alcalde de Punta Arenas. Gracias a gestiones personales del entonces edil, se logró modificar la ruta original de una emblemática competencia que inicialmente llegaba solo hasta Río Gallegos, extendiéndola oficialmente hasta Punta Arenas. Ingeniero mecánico de profesión y destacado académico de la Universidad de Magallanes, Turina unió la precisión de la ciencia con la adrenalina de la pista.

Mario «El Chueco» Vitelli: Una leyenda de las pistas y las «muñecas» de oro

Acompañándolo en la butaca derecha en épocas inolvidables estuvo Mario Vitelli, quien con los años llegó a brillar con luces propias y a ganarse el respeto absoluto del ambiente tuerca. Conocido popularmente como el «Chueco», Vitelli debutó en las pistas en 1956 a bordo de un furgón Opel.

Lejos de conformarse, su osadía al volante lo llevó a competir al año siguiente con un imponente Ford Ranchero modelo 1957, para más tarde dominar máquinas tan emblemáticas como un Ford Mustang del ’65 y una larga lista de vehículos que pasaron por sus manos. Considerado como una de las mejores «muñecas» de la década de los ’60, Vitelli participó en cuanta competencia se le cruzaría en el horizonte patagónico.

Su legado no terminó en el asiento del piloto o copiloto. Con los años, transformó su pasión en maestría al dedicarse a la preparación de motores, traspasando su enorme experiencia a las nuevas generaciones, especialmente a su hijo Mario, quien heredó el talento familiar y se consagró campeón de la recordada monomarca Chevette.

El «Chueco» Vitelli partió de este mundo el 31 de agosto de 2012, a los 77 años, dejando un vacío irremplazable, pero consolidando su nombre en el olimpo de los deportistas que hicieron grande la historia de la Patagonia.

Figuras como Turina y Vitelli son el testimonio viviente de una época en que el automovilismo se escribía con esfuerzo, coraje y un profundo amor por los caminos del sur.

Por:Tincho Gómez